El universo es una perversa inmensidad hecha de ausencia. Uno no
esta en casi ninguna parte. Sin embargo, en medio de las infinitas
desolaciones hay una buena noticia: El amor. Los Hombres Sensibles de
Flores tomaban ese rumbo cuando querían explicar el cosmos. Y hasta
los Refutadores de Leyendas tuvieron que admitir casi sin reservas,
que el amor existe. Eso sí, nadie debe confundir el amor con la
dicha. Al contrario: a veces se piensa que amor y pena son una misma
cosa. Especialmente en el barrio del Ángel Gris, que es también él
barrio del desencuentro. Las historias amorosas de los tiempos
dorados son casi siempre tristes. Esto no basta para afirmar que
todos los romances fueron desdichados: sucede -tal vez- que el arte
necesita nostalgia. No se puede ser artista si no se ha perdido algo.
Los poemas de amor satisfecho aparecen como una compadrada de
mercaderes afortunados. Por eso los poetas de Flores buscaban él
desengaño, porque pensaban que cerca de el andaba el verso perfecto.
Casi todos quedaban en la mitad del camino. Manuel Mandeb veía las
cosas de un modo mas complicado. Admitía que la pena de amor conducía
al arte. Pero también sostenía que el propósito final del arte es él
amor. La recompensa del artista es ser amado. Así parecía opinar Lee más »















