Hay que decirlo (o mejor escribirlo) con todas las letras: aún hoy, en la Argentina, el crédito hipotecario se las arregla para tener mejor prensa que el ahorro. En general, la libido de los virtuales tomadores de crédito sigue puesta al servicio de los avances que puedan hallarse en la reactivación del mercado del crédito hipotecario, como si este fuera el único salvoconducto para llegar al bautismo del título de propiedad. Provoca ilusión la idea de la casa propia. Se cifra esta expectativa en la (in)disponibilidad de los créditos. En este terreno, hay algunos mitos que han subsistido: muchas personas solventan la idea de que con un ingreso promedio aceptable, pero sin crédito hipotecario, es utópico pensar en poner un pie en su propia baldosa, un reputado caso de “árbol-que-no-deja-ver-el-bosque”.
Esto genera desesperanza y, muchos de ellos, se entregan entonces al mediático y consumista “no dejes para mañana lo que puedas gastar hoy”, un slogan al que, sabemos, también ha adherido el Gobierno.
Y sin embargo, bajo el inexorable escenario actual, es el combo Alquiler + Ahorro –y no el crédito hipotecario–, la llave financiera a seguir, mientras se aguarda la llegada de tasas de interés más racionales, que reclamaran a su vez depósitos bancarios con plazos más racionales, que vendrán de tiempos más racionales, conductas, gestiones, políticas, en fin, un verdadero hacinamiento de sensatez difícil de imaginar en el imbricado escenario del corto plazo.
En este sentido sería imperdonable crear y recrear falsas expectativas –para ello ya hay verdaderos profesionales abocados día y noche a esos menesteres– pues a nadie escapa el espinoso teatro que dibuja el mapa del mercado inmobiliario en la Argentina. Lee más »